Chigualo es una ceremonia fúnebre o de velación del cadáver de un niño menor de siete años, practicada en zonas rurales de la Región Pacífica de Colombia. Se caracteriza por ser amenizada por músicos y cantadoras. Se despide al difunto con cantos alegres, baile y rondas infantiles, al ritmo de la música afrodescendiente tradicional de esta región colombiana.[1]
El chigualo es la ceremonia fúnebre o de velación del cadáver de un niño menor de siete años, practicada en zonas rurales del Pacífico colombiano, y heredada en tradición por chamanes y chiguales. También se le denomina velorio de un angelito, angelito bailao o muerto-alegre. Este ritual esta acompañado de música, cantos y baile, pues se despide con alegría y entusiasmo a un infante fallecido, debido a creencias culturales – religiosas, ya que se asegura que un niño fallecido llegará al reino de los cielos, porque a su temprana edad se ha marchado de la tierra sin cometer pecado alguno.
En la ceremonia, se ejecutan cantos a capela, a una voz y con coros, con acompañamiento del palmoteo, el ritmo de las voces, en el canto o recital, es marcado por los tambores y los guasás, los cuales también indican el compás cuando se trata de bailar. La base rítmica es alegre, es la que corresponde al currulao, con aires de bunde.
El ritual también esta amenizado por juegos lúdicos infantiles de la región, creados por las comunidades rurales, se cantan oraciones pidiendo a Dios que reciba al niño en su reino, y en algunos casos se carga al cadáver pasandolo por los brazos de varias personas. El instrumental empleado en su ejecución se restringe a la marimba de chonta, los cununos macho y hembra, los bombos macho y hembra, el redoblante y los guasás.
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